INJECTOR – Blackgenesis, 2015

injector03Siempre que una obra sale de manos del artista, trasciende al creador y pasa a pertenecer al receptor. Lo que viene a continuación se aleja un poco de lo que es una crítica de un disco. Es más bien una reflexión sobre lo que me ha inspirado. Aún no sé inglés, y no he podido analizar las letras. Tampoco he hablado con los músicos. Sólo he seguido un click interior que se me activó al darle la primera escucha. Es una simple recreación -no sé si acertada ni hasta qué punto-, inspirada en la música y la imagen de portada. Un sueño en suma. El cual por la razón que sea, he sentido la necesidad de compartir con vosotros.

El Apocalipsis puede sobrevenir de las más diversas maneras. El relato bíblico sólo es un conjunto de metáforas. Pero la capacidad destructiva del hombre es infinita. El mapa de la destrucción es poliédrico, y variados los trajes de que se viste la degeneración humana. Las llamas, plagas o jinetes, no son más que símbolos de una alegoría: alegoría del puzzle de la degradación cuyas piezas son la podredumbre moral, medioambiental y espiritual del Hombre.

Esta banda se consolidó con el boca a boca, a pie de sala y escenario, sobre todo en su central de operaciones: Cartagena; mostrando un dignísimo Thrash Metal cuyo botón de muestra plasmaron en aquél EP, “Harmony of Chaos”. Un merecidísimo triunfo en la CT Metal Wars les dio el impulso definitivo para lanzar el larga duración que nos ocupa, “BlackGenesis”, y así dar forma a esa luz de inspiración que les quemaba las manos si no la arrojaban, para iluminar oscuridades desde dentro de la sombra misma. Como digo, concierto a concierto nos recaló el espíritu INJECTOR, liberando de la jaula los monstruos que habitan en los reinos más abisales del alma. Eso es para mí un show de INJECTOR: como un ritual de alguna religión primitiva, el rescate de lo primigenio. Necesitamos a veces la anulación de lo racional, la vuelta al cerebro reptiliano, para entrar en ese trance extraño, esa hipnosis que permite el renacer de la paz interior. Todo ello viene ejecutado (y esto no sé si lo digo con objetividad o desde mi chovinismo cartagenero) con una maestría técnica, inusual para el estilo en los últimos tiempos; ya que muchas veces las bandas en este segmento imitan, amontonan el sonido o directamente lo hacen infumable. Se puede decir que es uno de los grupos que me hizo volver al Thrash Metal, y le abrió la puerta a genios como ÁNGELUS APÁTRIDA o CRISIX  (no al revés).

Con este disco, lejos de repetir los esquemas de lo que saben que les funciona, lejos de seguir la estela de lo que está de moda ahora mismo, se salen de su zona de comodidad, arriesgan y dan un salto de gigante a otros terrenos. Personalmente me impactó, porque es todo un reto para la mente y para los sentidos. Una vez liberados y sublimados los monstruos y fantasmas de la galería de los horrores, el siguiente paso es elevar la conciencia. Y con su música lo hacen. Al menos a mí. Salpicando el disco con guiños de otros estilos -desde el metal progresivo o el rock experimental, al nu metal, pasando por aires góticos en ciertos pasajes-, sin salirse de su seña de identidad, pero progresando en ella (no se asusten los seguidores de siempre, no se hacen un METALLICA), han conseguido sublimar las etiquetas y que INJECTOR sea una definición en sí misma; creando una atmósfera agónica inspirada en el cine de ciencia ficción, de guerra, en las películas catastrofistas del fin del mundo o combinación de todas.

Muchas veces me vienen libros a la mente, escuchando discos. En este caso, por lo que me evoca -la deshumanización, la mecanización de la vida, la reducción del Hombre a cenizas y del Alma a la Nada-, pienso en Kafka: pudiera ser perfectamente la banda sonora que sonara en tu cabeza releyendo La Metaforfosis.

Respecto a los músicos, individualmente y en conjunto, no voy a decir nada que son unos creídos y se suben a la parra (vale, no cuela). Solamente escúchalo: si tienes un mínimo de oído y sensibilidad musical, es posible que lo disfrutes y flipes, puede que bastante. Porque son grandes profesionales. Salvo error de criterio o apreciación por mi parte, pero entonces ya seríamos muchos los equivocados.

Respecto a los temas, como esto me está quedando bastante anárquico, voy a seguir la misma línea. Dado que es un trabajo de los que supone estudio, atención y más de una escucha, y en ello estoy, pondré el acento en lo que me resultó más llamativo a la primera. De aquel primer “Harmony of Chaos” rescatan Role of the Gods, Where Death Dwells, y Lady Swamp; tema este último por el que, pese a salirse del tiesto, profeso especial simpatía, por aquello del contrapunto necesario (armonía) en medio del caos.

El otro tema a destacar, que me retorció la sensibilidad en la primera escucha, es el Black Genesis: soberbio larga duración que pulsará teclas desconocidas de tu alma, inquietante trance de cuyo despertar, nace este escrito. Y hasta aquí, niños y niñas, el fogonazo de lo que da de sí mi imaginación (que es mucho más) con el Génesis Negro. Únicamente y para concluir: ¿Puede el Thrash Metal elevar el espíritu? Yo digo que sí.

firmaana

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