[crónica] A Night of Black Stars II RITUAL DEATH + TOXOVIBORA + KRITTER + HASSWUT – Madrid – 24/11/2018

Era una tarde fría de invierno y después de tres transbordos en el Metro, atestado de Black Fridays varios, y cruzarme Madrid de punta a punta, llegábamos puntuales a los primeros acordes del bolo. Empezó como digo, a su hora, lo cual conminó a que a nivel de organización fluyera todo como que debía lo cual es bueno para público en general; también para las bandas que pueden tocar su tiempo y a su hora, colaborando ellas mismas a esto al mostrar una encomiable agilidad en los cambios y tiempos de afinación.

RITUAL DEATH. Era la primera vez que los veía y me sorprendieron positivamente. No se prodigan tanto en redes como en demostrar las cosas a pie de escenario y tanto en su música, como en la forma de conducirse socialmente, su estilo es claramente old school. Atesoran un número de seguidores fieles y su trayectoria es prudente pero firme y estable. Con un estilo bastante poliédrico que escapa a las primeras impresiones de la estética que muestran en escena, crean un sonido con base ochentera tamizada con una pátina a ratos Death, a ratos Speed Metal, aderezada con esos toques oscurillos que terminaron de ganarme. Su ejecución es bastante técnica con cambios de tempo, piezas ejecutadas con bastante rapidez pero sin perder esa atmósfera lóbrega que me fascinó, y complicadas transiciones con líneas de bajo más que interesantes.

TOXIVÍBORA. No se andan con chiquitas en Albacete. TOXOVÍBORA es un bloque, una patada en la boca del estómago de las que te despiertan, te ponen en pie y te impulsan a pisar cabezas y comerte el mundo. Comprometidos socialmente, letras como la denuncia de la violencia de género están claramente orientadas a remover conciencias. Su línea interpretativa dispara con balas de tralla y artillería que conforman un conglomerado sólido como una roca, hilvanada con sublimes líneas de guitarra y afilados riffs que te tienen en vilo durante todo el concierto. Combinan el hecho indiscutible de ser una apisonadora implacable, con cuidadas melodías y una ejecución trabajada, sustentada por una inquebrantable coordinación como banda. Porque la calidad técnica de la banda es sencillamente brillante.

En ningún momento del show el bajo se ve ahogado por las guitarras, a la cuales les vale su ojiplática filigrana constante para destacar. Los acelerones de batería se salpimentan con paradas de ritmo que dan lugar a momentos melódicos envolventes como una manta. Los medios tiempos de TOXOVÍBORA, aislados o dentro de los temas, son excepcionales. Aunque en una primera escucha te quedas con la caña, ahondando un poco descubres que su música entraña una mayor complejidad de la que a simple vista se distingue, con una inspiración también claramente clásica. Para terminar, quiero destacar el que a mi modo de ver es el punto fuerte de la banda, que es el dar el cien por cien de entrega en el escenario, y saber insuflar el ánimo en los espectadores. Se nota que disfrutan de esto, y que ese disfrute es real. Es más, se nota que hay mucho trabajo detrás.

KRITTER. Es a mi criterio, de las bandas más interesantes que tenemos en este país. El hecho de que la mayoría vayamos con orejeras no le resta calidad a una banda de las mejores y más originales que he llegado a conocer. KRITTER son sencillamente buenos, en todo el elenco de la palabra. Su composiciones son brillantes, y su directo generalmente impecable. En este día lo volvió a ser. Saben despertar expectación tanto en su puesta en escena, como en la interpretación musical del concierto. La intro sirve para atrapar el interés, y dar paso a todo un cañonazo de tema inicial, Blood Work. El estilo de KRITTER es claramente indefinible, entre Thrash, Gótico o Hard Rock, entre melódico y desgarrado.

La primera y única vez que los vi anteriormente fue en 2015 en Murcia. Ya entonces me gustaron, ya entonces escribí de ellos, pero he de decir que he percibido un salto de calidad desde entonces, hasta ahora. Llevan teclado, el cual no va a su bola como pasa bastantes veces sino que queda integrado de forma natural en el sonido. Las caras pintadas y la estética son santo y seña de los directos de la banda, dando un aire entre tribal y combativo. El bajista sigue siendo un azogue constante, uno de los mayores activos del grupo a nivel de dar espectáculo. He de reconocer que el concierto me eriza la piel en algunos momentos. Mantienen la balanza magistralmente equilibrada entre el clasicismo más melódico, y la potencia más desgarradora, todo apuntalado por la variedad de matices que impera en la voz, la cual puede oscilar cómodamente entre el melódico, y el brutal. En concreto la voz nos ofrece uno de los momentos más destacados de todo el festi, con su alarde a capella en medio de uno de los temas. En general, saben captar y mantener el interés del espectador. Acaban agradeciendo a público, bandas y organización, concluyendo así un concierto en el que han conseguido implicar todos los espectadores en la sala.

Foto de archivo. Por Marisol Huertas

Reconozco que no puedo ser imparcial con HASSWUT, por amigos y por buenas personas. Así que no voy a prometer una imparcialidad que no voy a cumplir. Pero sinceramente no hace falta ser muy vivo, ni muy sensible, ni muy estudiado para saber que HASSWUT es de las propuestas más originales, brutales y brillantes que tenemos.  A caballo entre el Metal Industrial, la música electrónica y el NDH alemán, con inspiración en bandas como OST+Front o sus amados OOMPH!, entre muchas otras, HASSWUT supone todo un soplo de aire fresco dentro de lo que viene siendo un panorama musical en el que por imitación, y por repetición hasta el infinito de manidas fórmulas, terminan atrapándome muy pocas cosas. HASSWUT atrapa. ¡Y de qué manera! Prueba de ello es la afluencia de público que si bien ese día no es muy numerosa, sí que es bastante fiel de gente que les seguimos allá donde vayan siempre que nos es posible. Y si en algo me repito yo bastante es en mi queja de que las bandas, en demasiadas ocasiones, no se trabajan una estética acorde con el (mal entendido sentido del) espectáculo, no se cuidan de ofertar una imagen temática para atrapar al espectador visualmente. No es el caso de HASSWUT.

Si por algo se caracterizan, a primer golpe de vista, es por la estética tan trabajada y minuciosamente estudiada. Se tienen que cambiar al fondo de la sala porque dada la parafernalia de ropa que llevan, el tamaño del camerino y el frágil sistema digestivo de Dani, no caben en otro sitio. Sus vestimentas entre industrial y apocalyptic, en total sintonía con la música, atrapan todos tus sentidos. Dani es un frontman genial no sólo por su peculiar estilo de cantar (todos los temas en alemán) sino por sus movimientos histriónicos y políticamente incorrectos y su constante interacción con el público. Un punto muy importante a destacar es la teatralización de las canciones, factor que integra plenamente al público en el concierto sin opción a distracción posible. Pese a todo lo cual, para mí el verdadero punto fuerte, fuera de toda duda, de HASSWUT, es el compositivo. Los hipnóticos temas se cuelan en tu cerebro hasta hacerte entrar un trance brutal del que no puedes escapar. Si te gusta el industrial, o incluso el techno, si te gusta lo diferente pero no hecho a base de refritos sino compuesto con buen gusto, cultura, talento y conocimiento, no te puedes perder a HASSWUT.

Estoy más que de acuerdo con la reivindicación final que hizo Javi de HASSWUT, y voy a acabar siguiendo la estela de ésta. Fue en una buena noche marcada (salvo alguna triste excepción, cada quien haga con su capa un sayo), por el talante positivo entre bandas que se quedaron, junto con sus seguidores, a ver unas el concierto de otras. El único punto oscuro que vi, y que no llegaré a entender por más años que pasen, es la escasa afluencia de público. Se trataba de cuatros bandazas a un precio más que razonable. Sí, se está muy bien en el sofá, en la calle hace frío. Pero señores, si no movemos nuestros oxidados cuerpos y nuestras abotargadas mentes para romper la pereza y mover el culo a las salas, todo esto por lo que luchamos y que nos da la vida, se va literalmente al carajo. Y en menos tiempo de lo que pensamos. Por último, quiero dar las gracias a las bandas por el buen trato recibido, pedir disculpas por no incluir fotos dado lo precario de mi móvil y que no llevara fotógrafo; y a vosotros, gracias por leerme y animaos a ir a las salas de los conciertos, y no sólo a los bolos y festivales grandes.

 

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