[opinión] HAMLET – Berlín, 2018

“Siempre al filo del dolor”

Somos egoístas. No queremos curar a los artistas. No queremos desgajarlos de la negrura  insondable de sus almas, de la insoportable tortura mental a que sus cruentos demonios internos les someten. No. Porque estaríamos negándonos el caldo de cultivo para nuestra propia salvación.

Ésta no va a ser una crítica. Me siento incapaz ante HAMLET en general, y ante este disco en particular, de afrontar una crítica con un mínimo de objetividad. Por eso me voy a permitir ubicar este artículo en el apartado de opinión. Y no sé cómo me las voy a componer. Porque hace muchísimo que un trabajo discográfico no me deja sin palabras.

Y siempre tienes esa vena cínica que te dice… no van a sorprender tanto. Si por algo me gana HAMLET, es porque no me tienen ganada nunca y me sacan de mi escepticismo natural siempre, de mi zona de negatividad cómoda. Porque no dan nada por hecho. Lo que diferencia a los buenos de los mejores, es que los primeros no bajan la guardia y los segundos siempre quieren superarse… Ir más y más allá.

¿Por dónde empiezo a describir cómo se hace una obra maestra? En innovación, en composición, en romper los moldes del pasado, en producción, en cambios de tempo y ambiente, en esa letra brutalmente sobrecogedora, en esos tintes oscuros que tanto me seducen, en sonido, en ejecución… ¿Dónde pongo el acento? Desde mi escepticismo de tanto y tanto escuchado en música en mi vida, desde mi descreimiento actual, doblaron mis rodillas y me vencieron. Para bien.

He de reconocer, como digo, que he tenido un bloqueo importante con este artículo. El hecho de que HAMLET sea una banda que llevo tan dentro me ha llegado a inspirar muchísimo respeto. El hecho de que considere ésta una genial obra, me ha llevado a sentirme demasiado pequeña para poder abordarla. Tanto, que he estado a punto de desistir. Por eso lo que he decidido es centrarme en las sensaciones que me provoca el disco, casi como una base de la que partir para centrar y construir mis propias elucubraciones y reflexiones internas, sin más pretensión que esta. Sé que se han hecho muchas y muy buenas críticas todas altamente profesionales, así que en ese aspecto me quedo tranquila de que por ahí están cubiertos.

“Berlín” es una obra oscura, introspectiva, con ese tinte gótico tan seductor que dimana de las más profundas simas del dolor, de las entrañas más sombrías y despedazadas del alma. Ese tránsito del sufrimiento, a la rabia, se ve simbólicamente plasmado por los tránsitos entre medio tiempo melódico, y la caña más aplastante, que son notas definitorias básicas a lo largo de todo el disco.

A medida que te acercas al Gótico y al Doom, te das cuenta de que sus ramificaciones son tan amplias y complejas, que acabas por adorar todo aquello que apele a la belleza de tu propia oscuridad, al extraño goce que habita en la cara oculta de la luna de las emociones. El Gótico no es un estilo, es una cultura. Obviamente, y adelantándome a los escándalos y las madres mías, HAMLET no es una banda gótica. Pero algo tendrán cuando en casa prácticamente sólo escucho Rock de los setenta, Doom y en cuanto bandas españolas, casi en exclusiva AATHMA y HAMLET. Hace muchísimo tiempo que paso  bastante de las etiquetas. “Berlín” es un disco sombrío, intenso, difícil. Y por ello, preciosamente magnético. El hecho de que su calidad técnica y trabajo rocen la perfección, lo hace además terriblemente adictivo. No sé si me atrevo a adelantar que es lo mejor que han hecho. Como ya he perfilado, huyo en este artículo de mi faceta crítica. Para mí particularmente es muy especial. Y si me pidieran que me mojara, adelantaría que sí, que este disco está un escalón por encima de los demás. Voy a intentar razonarlo.

Hilando con una idea que he apuntado al principio, cuatro son los pilares básicos que sostienen el éxito (dícese permanencia en el tiempo) de HAMLET: Resistencia, trabajo, adaptación, y superación. Sin una de esas cuatro patas, quizá y sólo quizá el banco hubiera quedado cojo, y comido por las termitas del ego si no hubieran mantenido además su humildad natural y los pies en la tierra. Muchos son los discos que conforman su carrera, y todos tienen una característica diferenciadora de los demás. Hasta La Ira, pensaba que éste era la síntesis, por haber logrado rescatar a muchos seguidores. Pero no, ahora sé que es “Berlín” el que unifica las sensibilidades características de todos y cada uno de los discos.

Pero no se quedan ahí. Lo más cómodo para ellos hubiera sido circunscribirse a lo que saben que les funciona, pero (como ya han hecho otras veces, tocando palos que nunca habían  desarrollado antes, sometiéndose a las críticas con obras que se han vuelto de culto  con los años), se la vuelven a jugar, investigando campos hasta entonces inexplorados para ellos, ignorando las críticas que saben que les pueden llover. Esta vez no ha sido así. “Berlín” es un disco que ha provocado un mágico impacto inmediato en todos nosotros.

Pero una vez más, siguen sin quedarse ahí. Cuando creemos que su nivel de calidad técnica, de trabajo y profesionalidad ha alcanzado su techo de cristal, nos sorprenden con una vuelta de tuerca en cuanto a ejecución, elaboración, producción y sonido límpido, puro, compactado y coordinado instrumentalmente, que rompe y rasga el traje con que se vestían anteriormente dando un salto de gigante que creíamos imposible. Llegas a concluir que no sabes dónde tienen el límite, que nunca podrás anticipar cómo, con qué y de qué manera te van a sorprender la próxima vez, y siempre sin perder su inconfundible esencia.

Con “Berlín”, HAMLET se adentran en la experimentación, con el aditamento de samplers magistralmente ubicados sin ahogar la habitual pulcritud de sonido de la banda, decorándolo sutilmente sin asfixiar la sencillez de producción que es su filosofía natural. Coquetean con toques industriales, se adentran en el ambiental, en el rock melódico incluso progresivo a ratos, rompiendo etiquetas, siempre intercalándolo con el sonido crudo y contundente que como decimos, es marca de la casa. Sin perder sus raíces que les hacen reconocibles, investigan, crean y se aventuran en terrenos anteriormente ignotos para ellos.  La supremacía en este álbum de las líneas de bajo posándose como delicadas caricias a lo largo de las notas y las canciones, mecidas con la sensibilidad extrema de su ejecución, cobra un especial sentido dentro del tono intimista del disco, y para mí es el broche de oro de un trabajo sublime.

Admito que había empezado a desgranar en un análisis exhaustivo los temas uno a uno, pero sería adentrarme en un universo donde todos y cada uno de los cortes es un mundo o estrella por descubrir. Admito que tenía casi terminado un párrafo en el que reseñaba notas llamativas de cada uno de los temas y lo borré entero, por vulgar. Creo que en la vida voy a ser capaz de analizar a fondo un álbum de HAMLET, cualquiera que sea, desde mis propios estándares. Es algo que probablemente se escapa de mis manos. Ninguna de mis palabras va a estar a la altura de mis pensamientos, sentimientos, sensaciones y vivencias concretamente con este disco. Las letras de esta banda además no son precisamente accesibles a primera lectura, y algunas llegan a ser fascinantemente crípticas. Si has llegado hasta aquí, quizá tengas tus temas favoritos. Para mí son muy especiales Eclipse, No Sé Decir Adiós, Héroe o Salvajes. Sí, sé que es casi la mitad del disco, pero para mí son verdaderas bombas de racimo para la agudizada hipersensibilidad artística que guardo dentro.

Pocas veces la rabia viene de la maldad pura y dura. Las más de las veces, su origen es el dolor. “Berlín” es una oda al dolor hecho rabia. Es un trabajo que llega a tiempo para las personas que hemos comprendido, tarde y mal, que la superación de los monstruos internos pasa por tener el coraje y el estómago de mirarlos a la cara, digerirlos y regurgitarlos; pasa por abrazar la sombra y sublimarla. A ello coadyuva este disco que precisamente por esto,  y por su casi insultante belleza estética, puede llevarte a un peligroso trance de interiorización y de repetición, de sumergirte en él e imbuirte de su espíritu hasta el eterno retorno.

Berlín” es un disco de pelos de punta permanentes, de exaltación de las emociones, de interiorización; pero también de desgarro y tumba abierta, de rabia combativa que se niega a alienarse con el cómodo caos de la insulsa e incuestionada realidad. Es un disco agónico, pero con un claro trasfondo de esperanza, dignidad y autoafirmación. Es un disco de tripas, de desnudo interior; ornado con una poesía escrita y una lírica musical tan delicadas y preciosistas, como profundamente trascendentes, tajantes y brutales en su planteamiento y expresión. No se me ocurre más para cerrar este artículo sobre una obra imprescindible como es “Berlín”, que anticipar que será de esas para descubrir durante toda una vida, llamada a trascender el paso de los años y a sus propios creadores. Como todas las geniales obras que fueron y serán.

Tracklist

  • Persiste; Insiste, Repite
  • Tu Destino
  • Eclipse
  • El Principio de un Comienzo
  • No Sé Decir Adiós
  • Libertad
  • Cada Día Un Día Más
  • Héroe
  • Abandonáis
  • Salvajes
  • Vulgar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s