[reseña] THE HOLEUM – Sublime Emptiness, 2019

Me entusiasma este disco. No puedo empezar el artículo de otra manera. Personalmente lo califico sin paliativos, y sin temor a equivocarme, uno de los discos del año 2019. Hay muy pocos trabajos musicales que me ilusionen últimamente, que me sorprendan, que me lancen al teclado. Este es uno de ellos desde la primera escucha y para mí, humildemente es un lujo reseñarlo.

Venidos de Alicante, nos traen un álbum tenebroso, profundo, elaborado y compacto, con una trabajada y cuidada producción la cual lustra y luce todos los extraordinarios matices que ornan los seis temas de larga duración de “Sublime Emptiness”. Un disco como digo denso pero nada pesado; antes al contrario, resulta fluvial al oído, casi etéreo, sin embargo introspectivo. En suma, todo un viaje espiritual.

Banda relativamente joven, aunque en música cinco años resulten una eternidad a día de hoy, no lo han sido ciertamente para el grado de madurez y calidad alcanzado con este disco. Indudablemente, lo que se ve a las claras cuando pasan cosas así es un gran trabajo detrás no sólo para un disco, sino en la trayectoria de una banda que, para llegar a ese nivel de perfecta coordinación y a sonar como un bloque empastado, ha tenido que echarse muchas horas de estudio y ensayo a la espalda antes de poner sus pies en las tablas de un escenario.

Sublime Emptiness” es uno de los regalos que te da la vida de vez en cuando para que no la odies, para que te aferres a la existencia. En el caso de las personas amantes de los sonidos más oscuros, como es el mío, un trabajo de los que entra por la vía directa a través del flujo de tus venas, a lo más profundo del alma, de la psique, del sentimiento puro y de la conciencia; para remover las telarañas de alimañas, vampiros y demás termitas de la mente transformando -como la que denomino la alquimia del arte- el dolor y la desidia en belleza. Porque eso es este álbum en una palabra: belleza, en su más amplio y trascendental sentido de la palabra.

Debo decir que en mis gustos personales, el abuso de la voz gutural no me suele llamar la atención. Ha de tener algo que me impacte, ya sea porque esté bien hecha (que no es una técnica fácil) y/o porque contraste muy bien con un conjunto que tenga lógica (algo que no siempre ocurre). En este caso me gusta, y mucho. Es una voz bastante límpida, potente y trabajada. La ejecución instrumental es técnicamente brillante, pero a su vez cargada de feeling  a espuertas (algo que tampoco pasa siempre). En efecto, grupos que toquen bien, los hay. Grupos que transmitan, pues no tantos, para qué nos vamos a engañar. Éste es uno de los casos.

Respecto al Death Metal que practican, de corte melódico, no es puramente old school, pero sí han bebido de las fuentes del Death más clásico. Siguiendo con gustos personales, normalmente no me gusta el Metal Posmoderno, pero en el caso de THE HOLEUM y de este disco, como lo hacen ellos, rotundamente sí. Y sí amo con toda mi alma el Doom. “Sublime Emptiness” es toda una lección magistral de Doom en toda regla. Todos estos estilos, y guiños al Gótico más añejo, al Rock instrumental clásico, al Ambiental o incluso a la Psicodelia en pasajes puntuales, son los que meten en la cocketerla y lo vuelcan a su gusto y personal idiosincrasia, para sacar un sonido propio, irrepetible e inclasificable. El resultado es un trabajo de impecable factura, sin fisuras, carismático y con personalidad.

El álbum abre con Obsidiana, un desgarrador tema que rompe desde una intro con efectos de percusión y aires casi tribales,  intercalando este efecto hacia la mitad de la canción al romper de nuevo arriba en un cambio de tesitura final jugando con modificaciones en el riff de las guitarras; para hacia el final continuar con el juego de contrastes, esta vez entre voz melódica y gutural. Todo acompañado de una manta envolvente en la melodía, la cual progresa en sutil crescendo de intensidad  hasta alcanzar una elegante contundencia que se da la mano, estudiadamente, con el brutal giro de la voz final.

El rimbombante comienzo de Geometric Dance abre paso a guitarras de elegante distorsión con un quedo toque de gutural, continuando la melodía en este bucle genial que viene a ser la puerta de entrada a un pesado medio tiempo hilado por un sonido con remembranzas, en su producción, a Death vieja escuela, por lo rasgado y casi cavernario. Lo cual considero un acierto. Por eso sorprende tanto, y sigue siendo un acierto, el siguiente cambio de la canción, fluido, cercano al Ambiental y al Progresivo, con unos efectos de voz y sonido altamente fascinantes. Uno de mis favoritos de todo el disco. Es el Doom que evoluciona callándonos la boca a quienes tenemos tendencia a anclarnos en el pasado musicalmente, nos saca de nuestra polvorienta buhardilla de confort y nos obliga a mirar más allá, donde ni habíamos levantado la cabeza. El tramo final de la canción enlaza con el primero, cerrando el círculo, pero subiendo un punto más la escala de dureza.

Protoconciousness, que cierra la primera mitad del disco, tiene un tinte progresivo bastante interesante. Con un inicio que milimetra ligeros frenazos y acelerones en el tempo, va entretejiendo el conjunto melódico en progresión geométrica de más y más intensidad hasta nuevamente, imbuirte en una hipnótica cadencia apuntalada por pellizcos de guitarra, bajo y efectos; para después despertar tu duermevela con riffs fabricados conscientemente a contrapie, que te llevan a un  compactado bloque de guitarras y voz, agónico y siniestro. No menos siniestro es el final, casi equiparable a la puerta de entrada hacia la locura. El tema culmina con esa voz solemne y romántica que sirve de elegante y maravilloso contraste en varios apartados del disco.

Drake Equation se caracteriza en su comienzo por una brillante prolongación de canto gutural con entonación de larga duración, casi susurrada, mecida por una cadencia tradicionalmente Doom. Ya sólo con eso engancha. Le sigue un tramo en el que debo destacar la cuidada línea de bajo, bella y melancólica como un niño triste, que nuevamente explota en un demoledor desgarro, más sobrecogedor aún por el hecho de que en ningún momento pierda el ritmo lento, lo cual hace más acusado el sentimiento agónico que se transmite. En el siguiente cambio, la canción suma en hipérbole los dos cortes anteriores, acentuando más y más la bilis de la desesperación, escupiéndola casi. Hacia la mitad el tema se va quitando estratos, como capas de la cebolla, en este juego de la angustia vital hecha notas. Pero de golpe, se da un quiebro (no me pregunten por qué, pero tiene sentido), y nos vemos salpicados con una fina lluvia de sonoridad mucho más fresca,  aunque se sigue adivinando un susurro tétrico en su trasfondo. Al final, como una vuelta al equilibrio, se entronca con el principio, en esta ocasión con voz melódica,  filigranas en los efectos y esos golpes de batería la cual tiene a su vez, casi voz  y vida propias.

Fractal Visions es un tema mágico. Ni qué decir tiene que es otro de mis favoritos. Una excelsa, por bella y magnética, construcción compositiva inicial de alto poder de impacto, tejida por complejos y armonizados nudos melódicos, se ve acompasada de nuevo por la voz en versión melódica, que muta otra vez en gutural con un matiz más vehemente; y así se van intercalando ambas caras de la moneda, como acontece en el caleidoscopio de la mente. Es entonces cuando el tema suelta amarras y adquiere un tono mucho más susurrado, regalándonos uno de los mejores detalles de todo el disco: la línea de viento que tan magistralmente se mimetiza con el resto del tema y que a su vez, tanto lo transforma. Probablemente sea de los segmentos más impactantes de todo el disco, por la tonalidad que adquiere, rozando el jazz. El final del tema es como el final de una historia, o de un viaje, porque asciende como un volcán y adquiere el tono épico de las epopeyas que terminan bien.

Cerramos con Metempsicosis, que se abre con un inicio reflexivo, punteado, con una pauta pausada. Guitarras y batería irrumpen frenando por unos segundos la inevitable llegada de la ruptura del clima creado, de nuevo el grito del alma, que nos trepana el cerebro en contraste con un baile matemático, profundo y majestuoso que mantiene los sentimientos en trance. En medio de esa explosión de pura preciosidad estética reaparece la voz melódica, guiando el barco de una composición que va limando el tema; contorsionando, hasta regiones extremas ignotas, el concepto mismo de belleza en sí. Volvemos acto seguido, como un canon, a la angustia vital materializada en el gutural y en la intensificación del resto de la música, que se densifica como un monolito de roca dura. Y otra vez, vuelta al tramo inicial. Este tema, con una estructura, como digo, muy similar al canon, es un toma y daca que va jugando con las emociones, con la mente, hasta alcanzar una vez más el hipnotismo, el hechizo del arte. El juego de bajo hacia el final entre uno de los intervalos es, para mí, otro de los detalles más geniales de todo el disco. El final es como un amanecer, como la portada del disco: un camino escarpado en un entorno hostil, al filo del precipicio, al final del cual vislumbras una luz.

En suma, el gran valor añadido de este trabajo al completo es lo radicalmente magnificente de las composiciones que atesora. Podría decir que son músicos excelentes con composiciones igual de excelentes. Esto es obvio. Pero puedo decir otras cosas. Quizá sea sensación mía, pero tras varias escuchas se puede percibir que unas líneas melódicas, deconstruidas en notas o juegos de notas, se entretelan con otras a lo largo de todo el disco, creando canciones escondidas, transversales, como un diálogo directo al subconsciente. Esa extraña sensación de hipnosis (palabra tan repetida en este artículo) se ve agudizada por los contrastes sinfónicos que juegan a su antojo en tu cerebro y tus entrañas,  y por ese juego de canon que va meciendo tu conciencia hasta llevarla a la paz de la total evasión. “Sublime Emptiness” se agarra a tu epidermis a traición porque los niveles a los que apela son abisales, y en esa calidad los crees resguardados hasta que llega alguien que los conquista. Eso es para mí este disco. Esto es lo que busco con la música.

Tracklist:

  1. Obsidiana
  2. Geometric Dance
  3. Protoconciousness
  4. Drake Equation
  5. Fractal Visions
  6. Metempsicosis

Fotos (archivo) Metal Murtius – Marisol Huertas

 

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